Mostrando entradas con la etiqueta Transparencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Transparencia. Mostrar todas las entradas

viernes, 22 de abril de 2011

Respuesta a carta de Moisés Sánchez




Concuerdo con lo señalado por el señor Moisés Sánchez en su carta publicada ayer, en el sentido que existe una retroalimentación entre la transparencia activa y pasiva. Sin embargo yo no abogo por la supresión de las políticas de transparencia pasiva, sino que por darle más importancia al desarrollo de una adecuada política de datos abiertos (expresión máxima de la transparencia activa). Con lo anterior, el Estado Chileno no sólo se estaría ahorrando muchos recursos, sino que estaría asegurando aún más el derecho humano que implica el acceso a la información pública y la libre circulación de las ideas, lo que sin dudas constituye una mayor y mas fluida contribución al proceso de generación de opinión pública, a la consolidación democrática participativa y a la generación de valor público.


Creo que la mejor forma de contribuir a este derecho humano la encontramos en la disminución de los costos de transacción de acceso a la información pública. Sin duda que una política de transparencia pasiva más una de datos abiertos contribuye mucho más a este fin, que solamente una política de transparencia pasiva y activa como la que tenemos hoy en Chile.


Los ciudadanos ya no solamente le exigen a los gobiernos el acceso de cierta información o datos sin intermediarios, sino que además requieren que la misma sea liberada en un formato electrónico amigable (abierto) que asegure la interoperabilidad entre distintas aplicaciones computacionales, como asimismo la posibilidad de reutilización los datos con fines sociales, económicos, o de control vertical, horizontal o social.


Demás esta decir que si en el año 2006 Chile hubiera tenido una política de datos abiertos, los señores Claude y Longton jamás hubiesen tenido que recurrir a tantas instancias burocráticas y legales en Chile, como tampoco a la Corte Interamericana de Derechos Humanos para obtener un trascendente fallo a su favor, toda vez que simplemente hubiesen accedido a la información desde los computadores de sus oficinas.


Rafael Pastor

lunes, 18 de abril de 2011

Transparencia no es sinónimo de valor público



Si bien estoy de acuerdo con lo señalado por el Presidente Consejo para la Transparencia en su artículo de opinión publicado por su Diario el 16 de abril de 2011, quisiera sin embargo hacer algunos alcances al mismo.




Primero, la transparencia no es un fin en sí mismo, sino un medio para facilitar la generación de más y mejor valor público. Es decir, transparencia a secas no implica valor público para nada.




Segundo, la transparencia sirve también como medio para asegurar que el ciclo de las políticas públicas y los sistemas de provisión de bienes públicos y preferentes sean alimentados con datos relevantes, fiables y precisos, y además que los mismos sean respaldado por sistemas de información adecuados, y utilizados con buenas prácticas de gestión del conocimiento.




Tercero, la transparencia en sí misma no detiene la corrupción, sino que implica un medio para incentivar mejor control político (vertical y horizontal), financiero y social sobre la función pública. De alguna forma es un subsidio para generar soluciones respecto al complejo problema de acción colectiva que implica controlar a los gobiernos de turno y a la burocracia.




Cuarto, el impacto generado por las políticas de transparencia debe ser medido, ya que la misma no es gratis. Implementar los esfuerzos para asegurar más transparencia pasiva son caros, y por ende resulta clave que la DIPRES u otro ente evaluador independiente, demuestre que los esfuerzos del Consejo para la Transparencia han sido efectivos para disminuir la corrupción y hacer más eficientes y efectivos a nuestro gobierno central, a los gobiernos locales y a las empresas públicas.




Quinto, considero que el foco debiese estar mucho más orientado a satisfacer los resultados en materia de transparencia activa con una política pública real de datos abiertos, antes que a meramente fiscalizar los insumos legalistas que demanda la transparencia pasiva. En la medida que tengamos más datos abiertos, las políticas de transparencia no solo contribuirán al respeto y cumplimiento del derecho ciudadano al acceso a la información, sino también a la generación de mejores políticas públicas sectoriales a un costo mucho más bajo.




Rafael Pastor

lunes, 8 de noviembre de 2010

Presupuesto y Datos Abiertos

Aprovechando la discusión que está concluyendo en el Congreso respecto al nuevo presupuesto nacional (PN), me parece importante recordar la relación que debe tener este vital proceso con la noción de transparencia activa, y más específicamente en su expresión más radical: datos abiertos.

Es sabido que hace unos años se le viene exigiendo mucho más a la elaboración y ejecución del PN, toda vez que ya no es tratado solamente como un instrumento contable-jurídico de control de insumos, sino también como la herramienta política más estratégica que posee el gobierno.

En efecto, el PN no solamente aspira a establecer los sectores, programas y cantidades a ser financiados en un ejercicio, sino que también en determinar la racionalidad (¿para que?) y el costo de los resultados buscados; es decir, el PN debe adjudicar fondos siempre vinculados a una finalidad estratégica como modificar productos o servicios gubernamentales (el volumen o calidad de los servicios públicos) o sus resultados finales (outcomes: impactos).

Debido a lo anterior y a las bondades de la Web 2.0, la transparencia activa va adquiriendo cada día más importancia para la gobernabilidad. Los ciudadanos ya no solamente le exige a los gobiernos el acceso de cierta información o datos, sino que además requieren que la misma sea liberada en un formato electrónico amigable (abierto) que disminuya los costos de transacción de su adquisición, y asegure la interoperabilidad entre distintas aplicaciones computacionales, como asimismo la posibilidad de reutilización los datos con fines sociales, económicos, o de control vertical, horizontal o social.

En este sentido, adoptar este tipo de transparencia activa online en relación con los datos que alimentan el proceso de elaboración y ejecución del PN, permitiría desarrollar formas o patrones distintos de analizar esta data, que pueden ser muy valiosos para los ciudadanos, usuarios, políticos y funcionarios públicos. Asimismo, la interoperabilidad de los datos abiertos presupuestales pueden también mejorar la eficiencia del gasto público en lo que dice relación con el financiamiento de mecanismos de coordinación intersectorial, y control de gestión en todas sus variantes.

En definitiva, si el gobierno actual opta por estos nuevos y más exigentes estándares de confianza y rendición de cuentas en el PN -especialmente en un contexto de reconstrucción nacional- se transformará en un proveedor de datos públicos que a larga no sólo alimentarán un mejor ciclo de políticas públicas, sino que además, promoverá una mejor gestión pública y mayores grados de gobernabilidad.

Rafael Pastor Besoain
Profesor Asistente
MGPP – Universidad de Chile

lunes, 26 de abril de 2010

Transparencia Activa y Reconstrucción Nacional


El lunes pasado (19 de abril de 2010) se cumplió un año de la entrada en vigencia de Ley de Acceso a la Información Pública. Si bien este primer año ha estado marcado principalmente por un proceso de implementación de estándares legales de transparencia pasiva y la generación de valiosa jurisprudencia administrativa nueva, no parece exagerado señalar que el plan de reconstrucción nacional que anunció el poder ejecutivo nos otorga una gran oportunidad para perfeccionar cualitativamente la noción de transparencia activa que queremos para Chile.

Hasta ahora básicamente esta noción esta circunscrita a un listado taxativo establecido en la Ley 20.285 que determina de forma cuantitativa toda la información que debe ser publicada por la mayoría de los organismos estatales. También incorpora el principio de facilitación que obliga a excluir exigencias o requisitos que puedan obstruir o impedir el acceso a la información pública.

En este sentido, podemos argumentar que actualmente tenemos un estándar adecuado en Chile de transparencia activa desde un punto de vista cuantitativo. También poseemos un marco legal que da espacio para interpretaciones más exigentes en lo que dice relación con la transparencia activa desde un punto de vista cualitativo. Es decir, no sólo estamos frente a la posibilidad real de exigirle al estado el listado antes mencionado, sino que además la publicación de todos los datos del mismo en un formato electrónico amigable que disminuya los costos de transacción de su adquisición, y asegure a su vez la posibilidad de su reutilización con fines sociales, económicos, o de control vertical, horizontal o social.

Para ello junto con el plan de reconstrucción nacional, considero que el gobierno debe enviar un instructivo que obligue la publicación de datos por parte de todos los organismos públicos involucrados en la implementación del plan de reconstrucción nacional en una sola página Web, y en un formato abierto y sin restricciones. Esta exigencia permitirá a todos los ciudadanos usar estos datos especialmente en relación con el tremendo potencial de las tecnologías de la información y la Web 2.0, y con ello agregarles valor tanto público como privado.

Lo anterior también permitirá mayor legitimación social del plan, vía transparencia, participación y colaboración, y será un medio idóneo para generar un insumo relevante para un gobierno central que proactivamente busca una mejor gestión, y por ende más y mejores mecanismos de rendición de cuentas en el gasto y uso de los recursos de todos los chilenos.

Rafael Pastor

martes, 26 de mayo de 2009

Comparto con ustedes una carta al Director del Mercurio que me publicaron. La escribí con Gonzalo Iglesias.

Transparencia: más pro-actividad que pasividad [1]

Con la aprobación y reciente entrada en vigencia de la nueva Ley de Acceso a la Información Pública (LAP) se va completando uno de los ciclos de reformas administrativas de “segunda generación” más notables en la historia del Chile moderno. Tal como nos recuerdan Navia y Velasco en su artículo titulado ‘The Politics of Second Generation Reforms in Latin America’*, este tipo de reformas se caracterizan menos por declaraciones tajantes acerca de los instrumentos técnicos que por el establecimiento de metas de resultados o impactos deseados (la disminución de la corrupción, la reducción de la pobreza, etc.) y la importancia que adquieren los aspectos cualitativos del proceso decisorio. En este sentido, la LAP y el Consejo para la Transparencia (CPT) resultan ejemplos claros del costoso y difícil proceso implícito en la formulación e implementación de una reforma de segunda generación, así como de la particular (exitoso, podría decirse) mezcla de confrontación y consenso que ha caracterizado al proceso de formulación de políticas públicas en Chile.

Es probable que a esta revolución silenciosa la siga un periodo menos espectacular pero más bullicioso de reformas en el margen, dominado por las tensiones de la implementación y el necesario ajuste iterativo de los marcos jurídicos, organizacionales y culturales. En vistas de ello, y sin perjuicio de lo anterior, creemos importante tener presente las siguientes premisas a efectos de no perder el norte en el esfuerzo por promover la transparencia en todos los ámbitos públicos.

En primer lugar, resulta necesario evitar la tendencia reduccionista a ver a las políticas de transparencia simplemente como una mera herramienta anticorrupción. Con todo lo importante que dicho aspecto puede resultar, la misión más amplia de la LAP y del CPT debe ser la de asegurar que el ciclo de las políticas públicas sea alimentado con datos relevantes, fiables y precisos, respaldado por sistemas de información adecuados, y buenas prácticas de gestión del conocimiento. Conectado a lo anterior, es igualmente preciso evitar la tendencia ingenua de creer que leyes que promueven la transparencia serán cura para todos los males de la esfera pública. Esto no solo es erróneo sino también peligroso, por cuanto la transparencia constituye un insumo y no un sustituto de un proceso sano de discusión de políticas públicas. En este sentido, consideramos el manejo de las expectativas ciudadanas y políticas debería formar parte de la agenda inmediata y mediata del CPT.

En segundo lugar, es importante resaltar que el éxito del nuevo marco jurídico en el mediano y largo plazo depende menos de las llamadas medidas de “transparencia pasiva” que de la progresiva efectivización de los 8 principios de acceso a la información pública implícitos en el concepto de “transparencia activa”: los datos deben ser publicados en forma completa, primaria, oportuna, accesible y no discriminatoria, en formatos no propietarios, aptos para su procesamiento y (por ser un bien público) libre de licencias. Desafortunadamente, y aún cuando la LAP registra importantes avances en este aspecto, es de esperar que la implementación de los sistemas pasivos se lleve –al menos en esta primera etapa- buena parte del tiempo, la atención y los recursos financieros a disposición de los Ministerios, los Servicios, las Agencias gubernamentales y los Municipios.

Finalmente, cabe resaltar que si el desafió de la LAP es grande para el lado de la "oferta" - las organizaciones gubernamentales- no lo es menos para el lado de la “demanda” en materia de información pública, en especial ONGs y prensa. Si bien éstas han tenido un rol fundamental en el desarrollo del nuevo marco jurídico, resulta mucho menos claro que ambos sectores posean hoy las capacidades y los recursos humanos adecuados para aprovechar las oportunidades que ofrece su implementación. En otras palabras: trascender la tentación de ejercer cierto voyeurismo administrativo (p.ej. saber cuanto gana quien) y aprovechar la disponibilidad de datos para enriquecer el debate público podría, en muchos casos, exigir un cambio cultural y organizacional equivalente al que se solicita del sector público.

En resumen, consideramos que durante la etapa de implementación de la LAP el foco debería estar orientado a satisfacer los resultados en materia de transparencia activa, antes que a meramente fiscalizar los insumos legalistas que demanda la transparencia pasiva. En la medida que estos principios se vayan materializando, las políticas de transparencia no solo contribuirán a cumplimentar el derecho ciudadano al acceso a la información, sino también a la generación de mejores políticas públicas como las educativas o de salud.

*Capítulo publicado en el libro After the Washington Consensus: Restarting Growth and Reform in Latin America.


[1] Rafael Pastor (Profesor de la Facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo y Escuela de Gobierno y Gestión Pública de la Universidad de Chile)

Gonzalo Iglesias (Consultor Internacional)

domingo, 8 de marzo de 2009

Transparencia


Encontré este buscador de gobierno transparente que me pareció interesante.

¿Qué es esto?

El gobierno de Chile exige a las entidades públicas el publicar en internet información sobre el funcionamiento de la institución en cumplimiento del Instructivo Presidencial Nro. 008 (04.12.2006) sobre "Transparencia Activa" de los Organismos de Gobierno. Esta información incluye:

Adquisiciones y Contrataciones
Personal de planta a contrata y a honorarios
Transferencias
Actos y Resoluciones
Marco Normativo
gobiernotransparente.org provee un buscador customizado para esta información del gobierno. Actualizada continuamente y que utiliza la mejor tecnología disponible de Google.