Sacándole el corcho a nuestro relato metafísico. Cultivando y reconfigurando lo marginal.
sábado, 29 de enero de 2011
jueves, 27 de enero de 2011
Aprender del pasado
Señor Director:
Creo que la siguiente proposición del filosófo Sören Kierkegaard se aplica indistintamente a conservadores, liberales clásicos o aquellos de izquierda: "Vivimos nuestra vida hacia adelante aunque la comprendemos hacia atrás".
La comprensión del pasado nos permite distinguir nuestros errores y adquirir conocimiento mediante la experiencia. En este sentido cobra importancia otra proposición, esta vez de Oscar Wilde: "La experiencia es el nombre que le damos a nuestros errores". De ésta tampoco se salva ninguna criatura política, ya sea de izquierdas o derechas.
RAFAEL PASTOR
Creo que la siguiente proposición del filosófo Sören Kierkegaard se aplica indistintamente a conservadores, liberales clásicos o aquellos de izquierda: "Vivimos nuestra vida hacia adelante aunque la comprendemos hacia atrás".
La comprensión del pasado nos permite distinguir nuestros errores y adquirir conocimiento mediante la experiencia. En este sentido cobra importancia otra proposición, esta vez de Oscar Wilde: "La experiencia es el nombre que le damos a nuestros errores". De ésta tampoco se salva ninguna criatura política, ya sea de izquierdas o derechas.
RAFAEL PASTOR
domingo, 16 de enero de 2011
Rediseño de Gabinete (Carta publicada hoy en el Mercurio)
El cambio del gabinete es un fiel reflejo de la tensión estratégica que invade permanentemente la función ejecutiva del gobierno que se genera entre dos extremos: la legitimidad y los resultados. Esta distinción fue reconocida por el académico Laurence Lynn en su libro Gestión Pública como Arte, Ciencia y Profesión, al describir dos conceptos de gobierno. Por un lado existiría un concepto Jeffersoniano, más inclinado al entendimiento público y a la deliberación política (legitimidad), y por otro un concepto Hamiltoniano, más inclinado a la ejecución de planes y al logro de resultados. Básicamente lo que Lynn concluye es que todo gerente público se verá obligado a navegar constantemente en esta tensión, por lo que si en la gestión pública se pone más énfasis en la legitimidad, se hará sin lugar a dudas a costa de la eficacia (los resultados), y si se pone más énfasis en los resultados, se hará a costa de la legitimidad. De alguna forma Bachelet (legitimidad) y Piñera (resultados) encarnan muy bien esta distinción. Sin embargo, como en todo orden de cosas, el buen gerente público es aquel que logra aplicar ambos conceptos a la vez de forma contextual.
Por otro lado, en los años noventa Mark Moore en su libro Gestión Estratégica y Creación de Valor en el Sector Público, elaboró un marco conceptual que recomienda a los Gerentes Públicos crear valor público mediante el alineamiento estratégico de tres actividades: la gestión política, la gestión programática y la gestión operativa. Es decir, un directivo público para ser buen gerente no solamente debe ser eficiente y efectivo en el uso de recursos públicos, sino que debe explorar que impactos o resultados son los que los ciudadanos colectivamente consideran valiosos y gestionar los mandatos políticos para poder en definitiva proveer los bienes públicos necesarios o implementar las políticas públicas adecuadas para crear dicho valor público.
En sentido, considero que el cambio de gabinente sirve para recordarnos que un gobierno requiere no sólo gestión operacional y técnica sino también muchísima gestión política y programática.
Al parecer con el nuevo gabinete Jefferson llego para quedarse. Veremos que pasa con Hamilton en este nuevo diseño de la función ejecutiva del gobierno del Presidente Piñera.
Rafael Pastor Besoain
viernes, 14 de enero de 2011
viernes, 31 de diciembre de 2010
Enfermedad Holandesa y Bachelet
La concertación pareciera estar padeciendo lo que la economía del desarrollo denomina “enfermedad holandesa”.Este mal se traduce básicamente en la feroz apreciación dentro de una economía local de su moneda producto principalmente del alza masivo en el consumo y precio de un determinado commodity que exporta, lo que a su vez genera una mucha mayor dependencia económica del mismo y la disminución o eliminación de otros commodities dentro del portafolio exportador de dicha economía, por no poder sus productores competir con un tipo de cambio sustancialmente más barato que los desfavorece.
Teniendo presente lo anterior, cabe argumentar que la popularidad que arrojó la última encuesta CEP respecto de Michell Bachelet, no hace sino que confirmar que la concertación sufre de algo similar a este malestar holandés, ya que la gran adhesión que la figura de Bachelet posee está de alguna manera encareciendo la diversidad y competitividad del portafolio de posibles candidatos presidenciales de la Concertación.
Mientras la popularidad Bachelet se mantenga en las nubes y el precio local de sus divisas siga cayendo hacia los bolsillos de una resignada, dividida y desempoderada concertación, no cabe duda que presenciaremos por un lado la consolidación absoluta de la candidatura de la ex-presidenta y la inevitable destrucción gradual pero certera de las otras posibles cartas presidenciables de la oposición.
En este sentido, si la concertación quiere realmente renovarse con nuevos liderazgos competitivos, y en definitiva remediar este mal holandés, debe recurrir a una gestión más acertada de la popularidad de Michell Bachelet, lo que implica a la larga que ella abandone pronto su ostracismo en Nueva York y se ponga al servicio de la refundación de la concertación.
viernes, 24 de diciembre de 2010
Economía del Aborto

No sólo hay que recurrir a argumentos éticos para oponerse al aborto. Existen muy buenos argumentos económicos para hacerlo también.
Vivimos en una sociedad con una tasa de natalidad muy baja y con ciudadanos con una expectativa de vida muy larga. Las anteriores circunstancias demográficas sin duda tendrán un impacto muy importante sobre la capacidad de nuestra economía para crecer en los próximos cincuenta años, y más específicamente sobre nuestra productividad total de factores (PTF).
En este sentido, parece razonable señalar que legalizar el aborto podría a la larga transformarse en un incentivo perverso para el rendimiento de nuestra economía en el futuro, ya que el mismo se constituiría en otro factor determinante del decrecimiento demográfico de nuestro país.
Etiquetas:
Aborto,
Políticas Públicas
viernes, 17 de diciembre de 2010
Nueva Derecha y Aborto
El proyecto de ley que despenaliza el aborto terapéutico en casos excepcionales sirve para diferenciar la "nueva derecha" de la antigua.
Por un lado encontramos a una derecha que busca conservar sus convicciones sin aceptar la legitimidad de los riesgos saludables que implica el debate público, y por otra una derecha que no castiga la diferencia y valora la posibilidad de debatir la viabilidad de ciertos cambios legales, al margen de si sus convicciones están o no 100% alineados con los mismos. El proceso en sí mismo es visto como una oportunidad más que una amenaza.
En este sentido, me parece pertinente traer a colación la siguiente argumentación que Isaiah Berlin estableció en su libro Cuatro Ensayos sobre la Libertad:
"Reconocer la validez relativa de nuestras convicciones, dijo un admirable escritor de nuestros tiempos, pero sin embargo defenderlas resueltamente, es lo que diferencian un hombre civilizado de un bárbaro. Exigir más puede ser tal vez una profunda e incurable necesidad metafísica; sin embargo permitir que la misma determina nuestro accionar es un síntoma de una igualmente y más peligrosa inmadurez moral y política".
En consecuencia, y con la venia de Berlin, declaro entender la necesidad metafísica de la antigua derecha, pero me quedo con la madurez moral y política de la nueva derecha.
Rafael Pastor
Por un lado encontramos a una derecha que busca conservar sus convicciones sin aceptar la legitimidad de los riesgos saludables que implica el debate público, y por otra una derecha que no castiga la diferencia y valora la posibilidad de debatir la viabilidad de ciertos cambios legales, al margen de si sus convicciones están o no 100% alineados con los mismos. El proceso en sí mismo es visto como una oportunidad más que una amenaza.
En este sentido, me parece pertinente traer a colación la siguiente argumentación que Isaiah Berlin estableció en su libro Cuatro Ensayos sobre la Libertad:
"Reconocer la validez relativa de nuestras convicciones, dijo un admirable escritor de nuestros tiempos, pero sin embargo defenderlas resueltamente, es lo que diferencian un hombre civilizado de un bárbaro. Exigir más puede ser tal vez una profunda e incurable necesidad metafísica; sin embargo permitir que la misma determina nuestro accionar es un síntoma de una igualmente y más peligrosa inmadurez moral y política".
En consecuencia, y con la venia de Berlin, declaro entender la necesidad metafísica de la antigua derecha, pero me quedo con la madurez moral y política de la nueva derecha.
Rafael Pastor
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