sábado, 28 de julio de 2007

Sarkozy: ¿Un modelo para la Alianza?...


Comparto con ustedes un artículo muy bueno sobre la derecha chilena, escrito por Hernán Larraín M en la última Que Pasa. Realmente me identifico 100% con todo lo que dice.

Hernán Larraín M., cientista político: "Un proyecto comunitario es lo que hizo Sarkozy y lo que está haciendo Cameron. Esa es la misión de la derecha chilena".

La tesis del desalojo, instalada por el libro de Andrés Allamand, se ha constituido en un exitoso relato político para la Alianza. Sin embargo, representa sólo el 50% del desafío de la centroderecha. Proponer un proyecto alternativo para construir una mayoría electoral es la otra mitad. De lo contrario, las parlamentarias no cambiarán estructuralmente el techo electoral de esta coalición y las elecciones presidenciales del 2009 serán una lotería. Su desafío es presentar un proyecto político con épica propia, fundado en la libertad como valor central, radicalmente horizontal en su vínculo ciudadano, orientado hacia el centro y organizado bajo un proyecto de sociedad donde son las personas y la propia comunidad los protagonistas de la historia.

El primer 50%

Nunca ha sido fácil para la Alianza articular un discurso conjunto entre sus partidos y que tenga la capacidad de hacer ver a sus líderes como miembros de un mismo equipo.

El desalojo, Porque la Concertación debe irse el 2010, es una excepción. El trabajo de Allamand ha sido capaz de instalar un relato opositor con al menos dos objetivos claros. Posicionar en la Alianza una estrategia común y capitalizar un mensaje consistente: aquella respetable Concertación de los noventa es hoy sinónimo de desorden. Y por qué no, de ingobernabilidad.

Los hechos están ahí: las permanentes crisis de la actual administración, los conflictos al interior de sus partidos, la consabida ideología de la corrupción, el simbólico Transantiago y un ineficaz Estado de vocación paternalista, son las principales razones que hacen hoy de la gran familia concertacionista una desgastada coalición que cumplirá con dificultades 20 años en el poder.

De hecho, la opinión pública está cada vez más consciente del momento político, y es ahí donde radica también el éxito del libro. Según la última encuesta CEP, sólo el 28% aprueba la forma en que la Concertación desarrolla su labor y le entrega el 41% de aprobación a la presidenta.

La ciudadanía pareciera estar sumándose al desalojo, pero no a la Alianza. Si bien se ha avanzado en la unidad interna entre RN y la UDI, lo que tiene en el acuerdo municipal su mejor demostración, esto no ha sido suficiente para capitalizar el desgaste oficialista. La Alianza recibió según el oráculo CEP sólo el 19% de aprobación. Con todo, el rechazo afecta a la política en general. Según el mismo estudio, el 45% considera no pertenecer a ninguna coalición política, la cifra más alta desde que se realiza la encuesta.

La política de la vida misma

Parece necesario un quiebre en la forma de hacer y comunicar la política, que conecte con estos tiempos. El sociólogo inglés Anthony Giddens escribió meses atrás que las nociones de derecha e izquierda no desaparecerán fácilmente pues representan una metáfora muy consistente. Eso sí, aclaró, la política se enfocará cada día más en la vida misma de las personas.

Y es que cuando las diferencias ideológicas entre un sector y otro, como ocurre en Chile, son más difíciles de percibir para la ciudadanía, el elector termina optando por proyectos políticos afines a las realidades personales y al momento social del país. Ello, más que por ideas preconcebidas, como las viejas discusiones sobre el rol del Estado y el mercado. En otros términos, los proyectos políticos post ideologías son narrativas fundadas en identidades propias, que tienen la capacidad de reflejar, desde cada sector, una épica de la sociedad en que queremos vivir, capaz de condensar y representar el sentir de una mayoría que ve en la política una voz sensible a la realidad de los ciudadanos.

Implica, a fin de cuentas, la revitalización de un proyecto comunitario. Sin ir más lejos, eso iniciaron años atrás la derecha francesa de Sarkozy, la española de Aznar y la estadounidense de Bush. Y esa es la estrategia actual de David Cameron, el líder conservador en Gran Bretaña.

El próximo 50%

Al igual que el partido de Cameron, la centroderecha chilena vio cómo la izquierda renovada se apropió de sus ideas respecto a la economía de mercado y de la libertad. Esto implicó una seria crisis de identidad que sólo puede ser superada por la elaboración de un relato fundado en los valores originales del sector, en su ADN, transformando a la Alianza en una opción de alta legitimidad social para alcanzar la mayoría. En síntesis, la Alianza necesita afianzar un proyecto de centro liberal, relacionarse con el ciudadano horizontalmente y profundizar su gobernabilidad interna, incorporando al mundo independiente.

La libertad es el valor central del sector, desde donde nace su identidad. De esta manera, podrá diferenciarse de la izquierda y su defensa de la igualdad. El Partido Popular en España ha hecho propio el "Centro Liberal", referente obligatorio en este contexto. Por su parte, Cameron ha instalado su "liberalismo conservador", en directa alusión hacia la renovación de centro que marca su proyecto. De hecho, el CEP mostró una vez más que es el centro político el gran protagonista del paisaje actual.

En segundo lugar, frente al Estado paternalista de la Concertación, la Alianza debe promover un Estado generador de alianzas horizontales con el sector privado y las comunidades locales. Mientras la Concertación mira al Estado como el gran transformador del país, la Alianza debe mirar a los ciudadanos, a los cuerpos intermedios, a los emprendedores e innovadores sociales. La clave es comunicar un proyecto de sociedad donde son los ciudadanos y la propia comunidad los verdaderos gestores del cambio.

Finalmente, es clave avanzar en la unidad del sector en orden a garantizar gobernabilidad y confianza.

A su vez, renovar los liderazgos e incluir al mundo independiente es un elemento central. El sector cuenta de hecho con un capital importante en este sentido, el que está aún a la espera de un espacio de participación.

Después del desalojo de la Concertación, el necesario arribo de una alternativa es fundamental, y una nueva Alianza es el mejor candidato para este desafío.